Cuando los huracanes golpean las zonas costeras densamente pobladas, los efectos suelen ser devastadores. Sin embargo, de acuerdo a un nuevo estudio, las ciudades no son meras víctimas pasivas del efecto de los huracanes, sino que también son las encargadas de atraer hacia sí mismas estos fenómenos naturales.

Según los científicos de la Universidad de Hong Kong que llevaron a cabo la investigación, la textura del paisaje influye sobre la trayectoria de los huracanes: las áreas rugosas, que abarcan desde ciudades con edificios altos hasta bosques o terrenos montañosos, ejercen una marcada atracción sobre las tormentas tropicales.

“Esto se debe a que cuando los vientos que vienen del océano -cargados de humedad- se topan con un terreno áspero, generan una mayor fricción”, le dijo a BBC Mundo Johnny Chan, líder del equipo de investigadores.

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El aire que se amontona en la región rugosa comienza a ascender -porque no tiene otro lugar a donde ir- y se mueve hacia una zona de baja presión, en el centro de la tormenta, donde continúa subiendo.

“Este aire con mucha humedad se enfría, se condensa y forma nubes. Cuando el vapor de agua se transforma en líquido, libera calor y los ciclones tienden a moverse hacia las áreas donde hay más liberación de calor, porque el calor fuerza al aire a girar más rápido”, añadió Chan.

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Fuente: Youtube.com/discovery.com–  www.thefxmedia.com

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