Hay tres poderosas razones para analizar la relación que existe entre el arte y la cultura digital: son las formas como hoy por hoy se produce el conocimiento; son la forma en que los jóvenes de hoy consumen cultura; son el mundo en que ellos van a trabajar y producir en todas las esferas.

¿Cómo leer y entender entonces este mundo cultural en el que consumen y producen las personas del siglo XXI, especialmente los niños y los jóvenes? Sin duda, la revisión de la relación cultura/mercado es –como siempre lo fue- una entrada valiosa.

La relación entre arte y mercado atraviesa toda la historia de los consumos culturales.

Algunos escritores opinan que los cambios tecnológicos, los cambios sociales, los cambios económicos transforman la producción, el consumo y los mismos productos artísticos. David Byrne, habla de una mayor libertad de creación de los músicos en la era de la distribución digital; se dice en la misma nota que se va más hacia un formato evento-recital que a la grabación de un compacto.

En definitiva el punto claro del arte en tiempos digitales: obras –musicales, literarias, teatrales– están cambiando en su forma y en su contenido.

Otros autores también definen un movimiento recíproco de la cultura a la economía y de la economía hacia la cultura, pero que no es ni simétrico ni simultáneo (nada de dualismo).

Hecha esta relación,  nos da también un nombre para el escenario que estamos viviendo: “un capitalismo cultural electrónico”, caracterizado entre otras cosas por:

El trabajo inmaterial: un tipo de trabajo que no tiene por objetivo la producción de bienes materiales, de mercancías tangibles;

La mercancía inmaterial, que se caracteriza por que al brindarla el dador la conserva –como por ejemplo un conocimiento–, y que por lo tanto va mejor con la cooperación que con la compraventa;

El saber en el centro mismo de los procesos de producción (de donde viene justamente el nombre de capitalismo cultural);

El trueque digital y las economías colaborativas, que parecen nacidas para la cultura dado que, como señala Brea, “la experiencia estética produce sentimiento de gregariedad, se expande y enriquece al ser comunicada y compartida”. Al igual que el saber y que la educación.

Fuente e imagen: portal.educ.ar – editado por TheFxMedia.com